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LA VOCACIÓN A LA INTIMIDAD CONTEMPLATIVA CON DIOS

(Tomado de la carta “El Dios de nuestra contemplación”, del Prior General Joseph Chalmers, a la familia Carmelita)

El ideal de vida carmelitana, especialmente en su aspecto contemplativo, va configurándose según el ejemplo de dos personajes que, desde el principio y quizás anteriormente a la entrega de la regla, habían inspirado la vida de los Carmelitas. Nos referimos al profeta Elías y a la Virgen María.
Los Carmelitas somos comunidades contemplativas en medio del pueblo y de esta manera deseamos ser testigos de Dios, pero ¿Cuál es el Dios a quién invocamos y al que tratamos de servir? Se nos esta retando a examinar nuestra imagen de Dios, debido al secularismo de nuestro tiempo y al resurgir de numerosas sectas en muchas partes del mundo.Hablamos de contemplación y de la acción transformadora de Dios en nosotros, pero ¿Cuál es el Dios de nuestra contemplación? La orden carmelita ha considerado siempre la contemplación como el corazón de nuestra llamada o vocación: “En esta forma de vida se puede descubrir un doble fin. El primero, lo podemos alcanzar con la ayuda de la gracia…. A través de la práctica de las virtudes, consiste en ofrecer a Dios un corazón santo y puro de toda mancha actual de pecado. Este fin lo conseguimos cuando somos perfectos y escondidos en el Carit, esto es en la caridad que, según el Sabio: “El amor cubre todas las culpas” (Prov.10, 12). El otro fin… alcanza por puro don de Dios, consiste en gustar en el propio corazón y experimentar en la mente, no solo después de la muerte, sino en esta vida mortal, la virtud de la presencia divina y la dulzura de la gloria celeste. Esto significa beber del torrente del amor de Dios, y este fin se lo prometió también el Señor a Elías: “Beberás del torrente” El carisma de la Orden se presenta se presenta en nuestros días según las Constituciones de los religiosos, de la siguiente manera: “Los carmelitas viven en obsequio de Jesucristo, comprometiéndose en la búsqueda del rostro del Dios vivo (dimensión contemplativa de la vida), en la fraternidad y en el servicio (diakonía) en medio del pueblo”. (Const.14). En otro artículo de las Constituciones de los religiosos se dice: “La tradición de la orden ha interpretado siempre la Regla y el carisma fundante como expresión de la dimensión contemplativa de la vida y a esta vocación contemplativa se refieren siempre los grandes maestros espirituales de la familia Carmelita”.

La contemplación es una experiencia transformante del amor de Dios que está por encima de todo y que nos vacía de nuestras limitadas e imperfectas maneras humanas de pensar, de amar y de obrar, y las cambias por otras divinas.

El fin del camino contemplativo es llegar a tener una amistad madura con Jesucristo, de tal modo que sus valores se conviertan en nuestros valores, y comencemos a ver con los ojos de Dios y a amar con el corazón de Dios. La auténtica contemplación encuentra su mejor expresión en el servicio a los hermanos, tanto si estamos en el servicio apostólico, como si nos encontramos en un monasterio. Cuando Dios contempla el mundo, Dios va más allá de lo puramente externo; Dios ve las motivaciones del corazón humano. Una experiencia auténtica como comunidad contemplativa nos lleva a tomar como algo propio “la misión de Jesús, enviando a proclamar la Buena Nueva de Reino de Dios y la liberación total de todo pecado y opresión” (Ratio, 38).

“El proceso interior que conduce a desarrollar la dimensión contemplativa hace asumir una actitud abierta a la presencia de Dios en la vida, enseña a ver el mundo con sus ojos, impulsa a buscar su rostro, a reconocerlo, amarlo y servirlo en los hermanos” (Ratio, 24).

La dimensión contemplativa no es sólo uno de los elementos del carisma (oración, fraternidad y servicio), sino que es el elemento dinámico que nos unifica a todos.

En la oración nos abrimos a la acción de Dios, que nos transforma gradualmente a través de todos los sucesos, grandes y pequeños, de nuestra vida. Este proceso de transformación nos hace capaces de instaurar y mantener relaciones fraternas auténticas, disponibles al servicio, a la compasión, a la solidaridad, capaces de presentar al Padre los deseos, las angustias, las esperanzas y los gritos de los hombrbres.

Hna.Yusmilat Emenencio