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R.P. Albert Brincat O.Carm.


LA ORACION


Se dice que el Carmelo es sinónimo de oración. Pero el Carmelo no es solo oración. La oración-contemplación es muy importante en nuestro carisma pero no lo es todo. La oración-contemplación, el vivir en la presencia de Dios meditando la palabra día y noche, es el motor para nuestra vida de fraternidad y para nuestro servicio al Pueblo de Dios.

Por lo tanto, es fundamental la dimensión oración –contemplación. Sin ella no se puede vivir con los hermanos, no se puede servir a la iglesia al estilo de Jesús.

Al hablar de oración-contemplación, no se trata de un horario para el rezo comunitario e individual. Tenemos estos horarios, tenemos momentos cuando nos encontramos los hermanos para rezar juntos, para celebrar en comunidad nuestra Fé, para encontrarnos a solas con el Señor. Pero, como debemos presentarnos ante el Señor y ante nuestros hermanos? Qué se necesita para una verdadera vida de oración?

Dios Padre con quien entramos en relación para orar, es El que ha tomado la iniciativa en nuestra vida, El nos ha amado primero, El nos ha hecho sus hijos por amor. Entonces debemos vivir cada instante concientes de este gran don de Dios, de esta realidad de que somos hijos de Dios. Como buenos hijos nos presentamos ante dios y como buenos hermanos ante los hermanos.

Una condición indispensable para la vida de oración, es la vida auténtica de hijos de Dios. Como hijos tenemos que escuchar lo que el Padre nos dice para nuestro bien, tenemos que obedecer a su Palabra y llevar a la práctica lo que El nos pide. En es actitud de escucha humilde, en la docilidad de dejarnos guiar por el Espíritu, vamos entrando en un dinamismo de oración que no se queda solo en palabras pronunciadas sino que se convierte en vida. Desde la vida después viene la acción de gracias, la alabanza, la gratitud, la respuesta a Dios nuestro Padre.

Entendida de esta manera, la oración nos lleva a la contemplación, es decir, a conocer más la forma de pensar de Dios, su manera de actuar, su forma de amarnos. Así vamos a llegar a contagiarnos de la mentalidad de Dios y empezaremos a pensar como El, a actuar como El, a amar como El. Así que no son momentos de oración sino que toda nuestra jornada se convierte en oración. Además siendo buenos hijos que obedecemos a nuestro Padre, vamos a ser buenos hermanos con todos, con los de nuestra comunidad religiosa y con los de la Comunidad Parroquial.

La vida de oración nos lleva a la misión, a servir a nuestros hermanos en el trabajo pastoral que realizamos. Los frutos se darán ya que Dios está con nosotros y en nosotros llevando a cabo su obra por medio de nosotros. Así el Carmelo responde al don de Dios y es don para la Iglesia.



CITAS DE LECTURA ORANTE